El lado emocional de la alimentación: ¿Comes por hambre o por estrés?

Seguro que alguna vez te ha pasado: 

Estás en casa, 

abres la nevera sin saber muy bien por qué, y, de repente, te encuentras comiendo algo sin realmente tener hambre (y no es una manzana).

¿Te suena? 

No es casualidad. 

Muchas veces, comemos no porque nuestro cuerpo lo necesite, sino porque nuestra mente busca consuelo o desconectarse.

¿Cómo diferenciamos hambre real y hambre emocional?

Hambre real

  • Aparece de forma gradual.
  • No tienes antojos de un alimento en específico.
  • Comes lo que haya disponible sin problema.
  • Te sientes satisfecha después de comer.

Hambre emocional

  • Aparece de golpe, como un deseo incontrolable.
  • Sueles desear algo concreto (dulces, comida rápida, snacks salados).
  • Comes rápido y sin control.
  • Después, te sientes culpable o hinchada.

El problema no es comerte un trozo de chocolate o una pizza.

El problema es usar la comida en exceso como una forma regular de gestionar emociones como estrés, ansiedad o aburrimiento.

 Pero… ¿Por qué comemos por emoción?

Cuando estamos estresadas, el cuerpo libera cortisol, una hormona que nos impulsa a buscar recompensas rápidas. 

¿Y qué nos da un subidón instantáneo? 

Alimentos ultraprocesados, azucarados o grasos.

Además, desde pequeñas hemos aprendido a asociar la comida con el confort: 

“Si te portas bien, te doy un dulce”.

“Si estás triste, vamos a por helado”. 

Con el tiempo, recurrimos a la comida no solo por hambre, sino para llenar vacíos emocionales.

Rompiendo el ciclo: ¿Cómo dejar de comer por estrés?

1. Aprende a identificarlo
Antes de comer, pregúntate: “¿Tengo hambre física o estoy buscando calmar una emoción?”. Si dudas, prueba beber agua o una infusión o esperar 10 minutos.

2. Lleva un diario emocional
Apunta cuándo te dan estos “deseos irrefrenables” y qué estabas sintiendo en ese momento. Así empezarás a ver patrones y podrás entender mejor tus necesidades.

3. Encuentra otras formas de gestionar el estrés
En días de estrés, prueba a dar un paseo, escribir, hacer respiraciones profundas, quedar con una amiga o escuchar música.

4. Asegúrate de comer lo suficiente y equilibrado
Si te pasas el día restringiendo calorías, tarde o temprano tu cuerpo te pedirá energía rápida. Una dieta estricta te llevará a comer de forma compulsiva tarde o temprano.

5. No te castigues
Si un día comes por emoción, no entres en modo culpa. Lo importante es entender el porqué y aprender nuevas estrategias.

La comida no es tu enemiga, pero tampoco tu terapeuta. 

Si logras escuchar a tu cuerpo y diferenciar el hambre real del emocional, tomarás mejores decisiones y te sentirás con más equilibrio.

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